La fobia social

fobia social

 

Parece ser que en los últimos años los casos de fobia social han aumentado considerablemente y ello principalmente entre jóvenes y adolescentes. Las redes sociales, como Instagram, nos plantean una vida idílica de los demás, los vemos a todos muy guapos, felices, sonrientes, pasándoselo en grande con amigos, con la pareja, etc.  y nos hacemos pequeños cuando nuestra vida no es como la que se ve en las fotografías de los demás. La pandemia por la que estamos pasando tampoco ayuda demasiado, ya que meses de restricciones sociales están haciendo mella en nuestra mente: nos aislamos, usamos más la comunicación online y sentimos el miedo añadido a enfermar por contagio si nos relacionamos.

Todo esto puede llegar a suponer un problema importante para aquellos que ya sufren una ansiedad de base. La fobia social es uno de los cuadros más frecuentes y además no suele estar sólo, ya que normalmente y casi en un 80% de los casos, viene acompañado de otras problemáticas como son el alcoholismo, la drogadicción, la depresión, la agorafobia, etc. Es frecuente ver, por poner un ejemplo, como muchas personas optan por beber alcohol para enfrentarse a algún temor como puede ser tener una cita con alguien.

Las personas que padecen ansiedad relacionada con el miedo a algo, presentan una respuesta de angustia exagerada ante situaciones que para otras personas serían vivencias normales, llevándolos a evitar el objeto o la situación temida o a desarrollar un “ataque de pánico” cuando se ven expuestas a aquello a lo que sienten miedo.

Ante un caso de fobia social, muy probablemente la persona no acuda a una reunión por sentir que en el entorno habrá una gran atención depositada sobre su persona y ello va unido a todo un análisis negativo sobre la propia manera de actuar. Debido a esto, va a sufrir un miedo intenso (ansiedad y angustia) que no tienen explicación directa con la situación vivida (con lo que piensan realmente los demás en esa reunión) pero al sentir un intenso miedo, se puede llegar al ataque de pánico.

 

¿Qué ocurre cuando entramos en pánico?

  • Palpitaciones, taquicardia
  • Sudoración
  • Temblores o sacudidas
  • Sensación de ahogo o falta de aliento
  • Opresión torácica
  • Nauseas, mareo, inestabilidad, desmayo
  • Escalofríos, sofocaciones
  • Miedo a perder el control, miedo a morir, miedo a volverse loco…

 

Es decir, la persona siente un miedo intenso a someterse a situaciones públicas ya que cree que recibe algún tipo de evaluación (“no puedo ir a esa cena porque todo el mundo me mirará”) y piensa que esa situación la llevará indudablemente a sentirse desvalorizada por los otros (“verán que no sé qué decir, que no sé de qué hablar”). La persona teme la mirada crítica del otro.

Debido a estos pensamientos, su ansiedad puede aumentar de forma tan significativa, que puede llegar al pánico.

 

Los miedos más frecuentes son:

  • Hablar en público
  • Exámenes orales
  • Relacionarse con extraños
  • Iniciar relaciones afectivas
  • Comer o beber en público
  • Trabajar cuando lo observan
  • Ir a reuniones sociales
  • Interactuar en un grupo

 

El denominador común a todas estas situaciones es:

  • Miedo a hacer el ridículo o sentirse avergonzado
  • Miedo a ser evaluado por las otras personas
  • Miedo a ser el centro de atención

 

Cuando todo esto ocurre en la adolescencia, época donde las relaciones con los amigos son de gran importancia, es obvio que el sufrimiento emocional será importante y que el deterioro en el chico o chica será determinante. Un trastorno como este afecta al rendimiento académico, lleva a la depresión y aumenta la probabilidad de iniciarse en el abuso del alcohol o de las drogas.

Una fobia social no es lo mismo que una timidez. Los chicos tímidos pueden sentirse incómodos cuando están en grupo pero no experimentan la extrema ansiedad y no evitan de forma radical esas circunstancias que les hacen sentir mal. La diferencia está en la intensidad del malestar y en cómo interfiere en la vida: ¿dejamos de ir a una reunión porque no nos vemos capaces? ¿no entramos en la cafetería de la facultad porque tenemos miedo a que nos miren? ¿no cojo el bus porque quizás me encuentro a alguien conocido?

La fobia social es un trastorno que tiende a pasar desapercibido ya que los jóvenes afectados no suelen ser problemáticos hasta que la incapacitación va a más y la interferencia en la vida cotidiana es mucha: se abandonan los estudios, no se realizan actividades, se pierden amistades.

Los trastornos de ansiedad no desaparecen por sí solos, sino que, por el contrario, se intensifican y tienen una alta probabilidad de llevar a otros trastornos emocionales. Por ello, es fundamental abordar el problema tan pronto como se detecte y de esta manera prevenir futuras alteraciones de salud mental, con graves consecuencias a nivel familiar, académico, laboral, interpersonal y social. Una intervención temprana mejorará su bienestar psicológico, convirtiéndolo también en elemento preventivo para el futuro.

Existen muchas intervenciones para el tratamiento de los trastornos de ansiedad. Lo habitual es combinar el tratamiento psicológico con método cognitivo conductual unido al acompañamiento farmacológico sin el grado de ansiedad es mucho. Técnicas como la exposición gradual, la reestructuración cognitiva, la desensibilización sistemática o la relajación han demostrado su eficacia y eficiencia dentro de la intervención clínica psicológica.