El Fracaso Escolar

Tres de cada diez alumnos no finalizan la enseñanza obligatoria en España. ¿Cuáles son las causas de esta alta tasa de fracaso escolar? Se pueden prevenir? Sí, si se detectan a tiempo y se interviene de forma efectiva.

Radiografía del fracaso escolar en España.

Un alumno fracasa cuando no consigue acabar la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO). Y un abultado 30% de los escolares españoles no lo consigue, según datos del Ministerio de Educación, cuando la media en Europa se sitúa en el 14,4%.

Además hay otra peculiaridad: los chicos presentan tasas de fracaso escolar más elevadas que las chicas en todos los tramos educativos. Según datos del informe de La Caixa Fracaso y abandono escolar en España 2010, el 41% de los chicos de 15 años tiene alto riesgo de fracaso, frente al 29% de las chicas.

Lugar 26 de 34 Aquí es donde nos colocó en 2009 el famoso Informe PISA, elaborado cada tres años por la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OSCE) y que analiza el rendimiento de los estudiantes de 15 años en el adquisición de competencias básicas. La puntuación obtenida en capacidad lectora por los alumnos españoles al finalizar Secundaria fue de 481, cuando la media de la OCDE es de 492; en Matemáticas sacaron 483, frente a la media internacional de 496; y en Ciencias obtuvieron 488, 13 puntos por debajo de la media de 501.

Causas del fracaso escolar

Las causas del fracaso escolar? Son múltiples y complejas: falta de implicación de los padres, sistemas educativos ineficaces, recursos más bien escasos, profesores desbordados, niños desmotivados. Trastornos de aprendizaje no detectados o mal gestionados. La lista es muy larga y las soluciones son difíciles de consensuar.

Primaria, fundamental.

Aunque todos los expertos coinciden en un punto: el problema eclosiona en Secundaria, pero se origina en los primeros años del cole, en Primaria. Son niños con problemas de aprendizaje, que no avanzan al ritmo de los otros y presentan dificultades sobre todo con la comprensión lectora y los cálculos matemáticos. Si no se les presta atención y apoyo, tanto dentro como fuera del centro, cada vez peor y llega un momento (generalmente, a 6 º de Primaria o ya en la ESO) que ya no consiguen seguir y tiran la toalla.

Prevención, más profesores, más refuerzos y más apoyo familiar son los remedios más señalados con el objetivo de reducir el abandono escolar.

¿Por qué no rinde en la escuela?

Lo importante es encontrar el origen del fracaso escolar. Un niño que no rinde lo que debería en la escuela puede estar sufriendo alguno de estos problemas:

– Intelectual: se da tanto en niños con algún tipo de deficiencia mental como en niños superdotados. También se puede producir por una falta de base sólida en los cursos anteriores.

– Desmotivación: aunque el estudiante tenga una inteligencia normal o por encima de la media, pueden reproducirse serios problemas de aprovechamiento escolar si no se siente motivado a aprender.

– Orgánico: a veces, el buen rendimiento escolar se ve afectado por un problema visual o auditivo (miopía, hipermetropía, hipoacusia, etc), problemas de orientación espacio-temporal, la dislexia, etc. También está comprobado que los niños que duermen poco o mal, y los que no se alimentan correctamente, especialmente en el desayuno, rinden menos de lo deseable.

– Problemas emocionales: suelen darse tanto en niños con carencias afectivas como en niños sobreprotegidos, hiperactivos, inseguros o con exceso de fantasía o algún sentimiento de inferioridad, que hayan sufrido la pérdida de uno o ambos progenitores, con padres muy severos , con un mal ambiente familiar, etcétera, lo que desemboca en importantes dificultades de integración en la escuela.

– Técnicas y hábitos de estudio: muchos escolares no saben cómo estudiar ni tienen quien les enseñe. Convertir el estudio en un hábito es otra de las herramientas para alcanzar el éxito académico. Los pedagogos estadounidenses han establecido una pauta muy práctica a la que llaman la “regla de los 10 minutos: la duración del tiempo de estudio debe durar 10 minutos para cada curso escolar en que esté el alumno”. Empiezas con diez a los seis y acabas con una hora y 40 minutos.

– Programación inadecuada: a veces se exige al niño tareas muy difíciles para su nivel de maduración intelectual. Se pretende que todos los niños del curso rindan por igual. A veces también hay discrepancias manifiestas entre los educadores, o entre los educadores y los padres, que pueden llegar a confundir al niño.

– Los profesores: clases numerosas, falta de apoyo por parte de sus superiores o de especialistas, hacen que en ocasiones el profesor transmita al alumno sentimientos de inseguridad e infravaloración.

Soluciones al fracaso escolar: ¿qué pueden hacer los padres?

La implicación de los padres es fundamental en el éxito escolar de sus hijos. Estas sencillas pautas pueden ayudar a orientar o reorientar su rendimiento por el buen camino.

– Reconoce y acepta que tu hijo tiene dificultades. Estudia el problema, localiza donde falla el proceso educativo y pone los medios necesarios para superarlo.

– Antes de decidir, habla con el niño para saber cuál es su problema y qué tipo de ayuda puedes ofrecer.

– No asedio a tu hijo con la idea del estudio. Explica cuáles son los objetivos y qué es lo que se espera de él.

– No te intereses sólo por las notas, también son importantes sus problemas con los compañeros o de relación con los profesores. El niño debe sentir que sus estudios son un asunto que interesa.

– Participa en las actividades escolares que implican la presencia de los padres.

– Muestra predisposición y atiende sus necesidades y preguntas en casa, pero no le hagas los deberes.

– Sé coherente. Si tu hijo ve leer en casa y tu compartes con él tus conocimientos será más fácil despertar su deseo de aprender.

– No amenaces ni castigues. Apuesta, sobre todo, por la persuasión y la estimulación.

– Enseña a tus hijos a estudiar, el estudio requiere sus técnicas.

– Explica que no debe desanimarse, que hay que ser tenaz y buscar alternativas.

– Evita transmitir mensajes negativos del tipo “eres un mal estudiante”, porque puede llegar a creer-les y bloquear su desarrollo posterior.

– Celebra sus logros, por mínimos que sean.

Hábitos de Estudio en los Niños

Para la mayoría de las personas el factor determinante para tener éxito académico es el nivel de inteligencia que cada uno tiene. Si bien es cierto que no se puede negar que es un hecho muy importante, no podemos obviar uno más significativo aún: los hábitos de estudio.

Se considera hábitos de estudio el tiempo que dedicamos a estudiar y lo que el estudio conlleva en sí; es decir, no se trata sólo del tiempo o el esfuerzo que destinamos al ejercicio de memorización, sino el que empleamos en desarrollar todo el trabajo previo y posterior (resúmenes, esquemas, lecturas …). Además de la variable tiempo, debemos controlar la calidad del trabajo que se realiza en este tiempo, y el ambiente en que se desarrolla.

¿A qué edad hay que inculcar hábitos de estudio en los niños?

Los hábitos de estudio son adecuados, e incluso necesarios, durante toda la vida académica de una persona, ya que la dificultad de las tareas se incrementa con el paso de los años, y es conveniente haber fundamentado desde pequeños una buena ética de trabajo y de esfuerzo.

Si nos paramos a pensar en los pequeños que comienzan la escuela con tres años, podemos plantearnos qué deben estudiar a esta edad para necesitar estos hábitos. Pues bien, tal vez los colores, la grafía, los números o las vocales y los conozcan y no requieran un trabajo extra fuera del aula, pero sigue siendo ideal que en casa se ​​sienten cada tarde con sus padres y repasen el que han visto ese día en clase, que los dejen pintar libremente en un cuaderno o, mejor aún, que los lean un cuento.

El objetivo principal no es conseguir que adquieran muchos más conocimientos (en cuanto a los hábitos de estudio en esta edad eso es secundario), lo que realmente se trata es que desde pequeños entiendan que fuera de la escuela hay que seguir haciendo cosas de clase, y que no hay dos mundos tan diferentes donde en uno se estudia y en el otro no.

A esta edad tal vez aún no vayan a la escuela, pero aún así se les deben inculcar unos buenos hábitos de estudio, ya que después en las aulas se aprecia la gran diferencia que hay entre los alumnos que llevan tiempo trabajando en casa y los que se introducen en el sistema educativo a los seis años sin ninguna preparación previa.

Estas diferencias son subsanables y, de hecho, se pueden asumir al inicio, pero requieren un trabajo mucho mayor para docentes y padres si se quiere que estos niños no vayan por detrás de sus compañeros desde tan temprana edad. Por ello, acostumbrar a los pequeños a tener unos buenos hábitos de estudio permitirá que, aunque sufran un retraso académico, puedan ponerse más fácilmente al nivel de sus compañeros.

A medida que nuestros hijos van haciendo mayores las exigencias educativas crecen progresivamente con ellos y, por tanto, tener unas pautas adecuadas de estudio cobra cada vez más importancia.

CONSEJOS PARA inculcar hábitos DE ESTUDIOS EN LOS NIÑOS

– En cualquier caso, es conveniente tener un horario fijo, y no modificar salvo que se den circunstancias especiales. Esta rutina horaria ayudará al menor a estar preparado para centrarse en la actividad que debe realizar.

– En cuanto al ambiente, hay que eliminar las distracciones para que el niño pueda prestar total atención a la tarea; esto supone no estudiar con la televisión encendida, ni tampoco en la cocina mientras los padres hacen otras cosas o charlan alrededor de su hijo.

– El lugar de estudio debe estar recogido, limpio, bien iluminado (mejor con luz natural) y aireado, y contar con una silla cómoda, que evite que el menor adopte posturas que le podrían acarrear futuros problemas de espalda . Para los niños más pequeños, que no requieren hacer un trabajo muy específico por ejemplo el repaso de colores o letras antes de los cinco años-se considera más oportuno hacer este repaso o las actividades que hayamos preparado para ellos en un ambiente tranquilo, pero no necesariamente tan estructurado.

– A los niños muy inquietos o con problemas de atención les ayuda hacer pausas de 3 o 4 minutos cada poco tiempo. Si tu hijo es de estos puedes decirle que cada vez que resuelva un ejercicio vaya a enseñártelo, de esta forma se relaja y, además, consigue continuos refuerzos por tu parte que le ayudan a seguir esforzándose.

Orden y limpieza: Esto se refiere tanto al lugar de trabajo como en el trabajo en sí. El niño debe tener a su alcance todos los materiales que necesite. Y si desde pequeño se acostumbra a presentar los trabajos limpios y con buena letra, estará ganando mucho para el futuro ya que este es un aspecto que los profesores también tienen en cuenta a la hora de valorar un trabajo.

Técnicas de estudio: Según vaya creciendo, es muy positivo que le enseñes técnicas de estudio como subrayar, resumir o hacer esquemas.

Ayuda y supervisión: Al principio su hora de estudio será también tuya, ya que el pequeño necesitará bastante supervisión por parte tuya; ten en cuenta que no sólo está aprendiendo las materias de su curso sino que también está aprendiendo a estudiar bien y aquí tú has de ser su guía. Lo que nunca debes hacer es resolver tú los problemas. Si tiene dificultades ayúdale a razonar con tus comentarios como “¿Qué crees que te están pidiendo?”, “¿No te falta algún paso?”