La concentración y la lateralidad

A veces las personas sentimos que cuesta concentrarnos en alguna tarea por ejemplo nueva o difícil. Requiere de un esfuerzo mayor por parte de nuestro cerebro, al ser algo que no tenemos automatizado. El problema es cuando la persona ve que esto le pasa casi siempre y que en muchas actividades del día a día no puede prestar tanta atención como desearía, la mente en vez de centrarse se dispersa.

Esto puede originar inquietud si se va extendiendo en el tiempo y si interfiere en su vida cotidiana. Genera signos de inseguridad y falta de confianza. Por ello es importante averiguar qué está pasando y por qué está pasando.

En nuestro centro, junto a otros temas de salud emocional y temas de aprendizajes, estudiamos ya hace dos décadas los factores que afectan a la hora de poder concentrarse. Y entre otros uno es el de la lateralidad. Que una lateralidad no esté bien definida desde la infancia, puede acarrear dificultades asociadas con la capacidad de concentración, la de la memoria o la del lenguaje o la de las matemáticas. Y puede afectar a nuestros aprendizajes.

En personas con problemas de lateralidad cruzada u otros problemas de concentración hemos observado las siguientes señales:

Lentitud o inexactitud: Puede haber lentitud debido a la dificultad en concentrarse, se va más lento y no se avanza. O más inexacto. De esta forma van quedando cosas pendientes de acabar y se deja lo más difícil para más adelante…el “ya lo haré otro día”. Y es este postergar el que puede generar angustia, ya que genera desorden. O puede pasar que se repitan las cosas una y otra vez al sentirse poco efectivo.

Cansancio, dejadez: Uno se siente agotado casi siempre y no sabe exactamente el porqué. Seguramente es porque las emociones se desbordan, porque no olvidemos que una buena concentración ayuda a una buena gestión de las emociones, y a la inversa también. Si cuidamos de nuestras emociones, ayudamos a nuestra mente. Se suele intuir que se necesita ayuda, pero la persona no sabe a quién pedirla o cómo hacerlo.

La memoria o el rendimiento intelectual: A veces cuesta recordar una película, seguirla, o cómo se llamaba aquel actor que me gusta tanto… o cuando se pierde el hilo de un libro que leo o de una conversación interesante.

El lenguaje: Cuesta expresar aquellas ideas que la persona tiene claras en la cabeza, pero que no se pueden acabar de ordenar y exteriorizar, cuando no le vienen las palabras…o se confunden algunas letras entre ellas por las prisas o el estrés.

Cuando la persona quiere escribir expresándose y no sale, y hace cualquier tipo de letra menos la que le representa. O lo nota al intentar resumir y sintetizar sus ideas sin demasiado éxito. Esta dificultad se refleja en poner un orden a las cosas de su vida. Cuesta ponerles un principio, un orden y un final o resolución a las cosas.

Autoestima baja: La autoestima baja mucho porque la persona se vuelve más sensible a los comentarios de los demás, a la comparación, a sentirse ignorado.

Bloqueo emocional: Puede haber bloqueo emocional. Hay miedos y ansiedad, inseguridad. Puede generar que haya malestar.

Ante estos signos recomendamos acudir a ayuda especializada. Un psicólogo o pedagogo que pueda ayudar a ver si el problema es de lateralidad o está relacionado con otras cosas.

Averiguar qué está pasando exactamente puede ser de gran ayuda para al menos empezar a mejorar y saber cuáles son los pasos más adecuados a seguir.

Emma Panisello

Psicóloga general sanitaria

La fobia social

fobia social

 

Parece ser que en los últimos años los casos de fobia social han aumentado considerablemente y ello principalmente entre jóvenes y adolescentes. Las redes sociales, como Instagram, nos plantean una vida idílica de los demás, los vemos a todos muy guapos, felices, sonrientes, pasándoselo en grande con amigos, con la pareja, etc.  y nos hacemos pequeños cuando nuestra vida no es como la que se ve en las fotografías de los demás. La pandemia por la que estamos pasando tampoco ayuda demasiado, ya que meses de restricciones sociales están haciendo mella en nuestra mente: nos aislamos, usamos más la comunicación online y sentimos el miedo añadido a enfermar por contagio si nos relacionamos.

Todo esto puede llegar a suponer un problema importante para aquellos que ya sufren una ansiedad de base. La fobia social es uno de los cuadros más frecuentes y además no suele estar sólo, ya que normalmente y casi en un 80% de los casos, viene acompañado de otras problemáticas como son el alcoholismo, la drogadicción, la depresión, la agorafobia, etc. Es frecuente ver, por poner un ejemplo, como muchas personas optan por beber alcohol para enfrentarse a algún temor como puede ser tener una cita con alguien.

Las personas que padecen ansiedad relacionada con el miedo a algo, presentan una respuesta de angustia exagerada ante situaciones que para otras personas serían vivencias normales, llevándolos a evitar el objeto o la situación temida o a desarrollar un “ataque de pánico” cuando se ven expuestas a aquello a lo que sienten miedo.

Ante un caso de fobia social, muy probablemente la persona no acuda a una reunión por sentir que en el entorno habrá una gran atención depositada sobre su persona y ello va unido a todo un análisis negativo sobre la propia manera de actuar. Debido a esto, va a sufrir un miedo intenso (ansiedad y angustia) que no tienen explicación directa con la situación vivida (con lo que piensan realmente los demás en esa reunión) pero al sentir un intenso miedo, se puede llegar al ataque de pánico.

 

¿Qué ocurre cuando entramos en pánico?

  • Palpitaciones, taquicardia
  • Sudoración
  • Temblores o sacudidas
  • Sensación de ahogo o falta de aliento
  • Opresión torácica
  • Nauseas, mareo, inestabilidad, desmayo
  • Escalofríos, sofocaciones
  • Miedo a perder el control, miedo a morir, miedo a volverse loco…

 

Es decir, la persona siente un miedo intenso a someterse a situaciones públicas ya que cree que recibe algún tipo de evaluación (“no puedo ir a esa cena porque todo el mundo me mirará”) y piensa que esa situación la llevará indudablemente a sentirse desvalorizada por los otros (“verán que no sé qué decir, que no sé de qué hablar”). La persona teme la mirada crítica del otro.

Debido a estos pensamientos, su ansiedad puede aumentar de forma tan significativa, que puede llegar al pánico.

 

Los miedos más frecuentes son:

  • Hablar en público
  • Exámenes orales
  • Relacionarse con extraños
  • Iniciar relaciones afectivas
  • Comer o beber en público
  • Trabajar cuando lo observan
  • Ir a reuniones sociales
  • Interactuar en un grupo

 

El denominador común a todas estas situaciones es:

  • Miedo a hacer el ridículo o sentirse avergonzado
  • Miedo a ser evaluado por las otras personas
  • Miedo a ser el centro de atención

 

Cuando todo esto ocurre en la adolescencia, época donde las relaciones con los amigos son de gran importancia, es obvio que el sufrimiento emocional será importante y que el deterioro en el chico o chica será determinante. Un trastorno como este afecta al rendimiento académico, lleva a la depresión y aumenta la probabilidad de iniciarse en el abuso del alcohol o de las drogas.

Una fobia social no es lo mismo que una timidez. Los chicos tímidos pueden sentirse incómodos cuando están en grupo pero no experimentan la extrema ansiedad y no evitan de forma radical esas circunstancias que les hacen sentir mal. La diferencia está en la intensidad del malestar y en cómo interfiere en la vida: ¿dejamos de ir a una reunión porque no nos vemos capaces? ¿no entramos en la cafetería de la facultad porque tenemos miedo a que nos miren? ¿no cojo el bus porque quizás me encuentro a alguien conocido?

La fobia social es un trastorno que tiende a pasar desapercibido ya que los jóvenes afectados no suelen ser problemáticos hasta que la incapacitación va a más y la interferencia en la vida cotidiana es mucha: se abandonan los estudios, no se realizan actividades, se pierden amistades.

Los trastornos de ansiedad no desaparecen por sí solos, sino que, por el contrario, se intensifican y tienen una alta probabilidad de llevar a otros trastornos emocionales. Por ello, es fundamental abordar el problema tan pronto como se detecte y de esta manera prevenir futuras alteraciones de salud mental, con graves consecuencias a nivel familiar, académico, laboral, interpersonal y social. Una intervención temprana mejorará su bienestar psicológico, convirtiéndolo también en elemento preventivo para el futuro.

Existen muchas intervenciones para el tratamiento de los trastornos de ansiedad. Lo habitual es combinar el tratamiento psicológico con método cognitivo conductual unido al acompañamiento farmacológico sin el grado de ansiedad es mucho. Técnicas como la exposición gradual, la reestructuración cognitiva, la desensibilización sistemática o la relajación han demostrado su eficacia y eficiencia dentro de la intervención clínica psicológica.

La ansiedad: el miedo a tener miedo. La lateralidad y la dislexia.

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Son muchas las personas que en la actualidad están acudiendo a consulta por problemas de ansiedad.

Personas en plena etapa de la adolescencia, o pasando por la madurez e incluso abrazando la vejez. La ansiedad afecta a todas las edades y tanto a mujeres como hombres, la ansiedad no discrimina. Tenemos que ser conscientes de cómo son de presentes los trastornos de ansiedad en nuestra sociedad y como están haciendo que cambie nuestra vida, afectando a nuestra salud mental y física.

No hace muchos días algunos famosos, como Selena Gómez o J Balvin, han decidido hablar de este trastorno y de cómo luchan para superarla y no caer en depresión, que es uno de los graves trastornos que muchas veces acompaña a la ansiedad. Pero no afecta solo a los famosos, también afecta a mucha gente anónima.

El estilo de vida muy cambiante y la exigencia hacen que cada vez aparezcan más síntomas que restan calidad en el día a día de la persona.

Los síntomas de ansiedad son muy típicos en las personas que las padecen, y pueden ir desde los psicológicos a los físicos y son muy molestos.

Lo más importante: el miedo.

A veces miedo al propio miedo. Muchas veces la persona se ve superada por su realidad, personas bloqueadas que piensan que no podrán hacer aquello que tienen que hacer. Por ejemplo, el bloqueo del estudiante que piensa que no lo conseguirá, que no podrá con todo. O aquella persona que está en un lugar de trabajo donde nota que el trabajo que se le exige es superior a su capacidad para resolverlo.

La ansiedad se desarrolla y provoca síntomas como mucha preocupación, angustia, falta de concentración, olvidos… insomnio…

La ansiedad desarrolla unos síntomas físicos: dolores de cabeza, sensación de ahogo, dolor en el pecho… El enfermo de ansiedad lo pasa muy mal porque cree que se está muriendo, es una sensación descrita como horrible.

Solo 1 de cada 10 pacientes con ansiedad recibe un tratamiento adecuado.

Lateralidad, dislexia, ansiedad…

A veces detrás de la ansiedad está la manera en que estamos interpretando la realidad, nos pasan tantas cosas y a veces de tan difícil solución, que nos quedamos pegando vueltas irremediablemente en un bucle que no sirve para nada. Solo genera más ansiedad.

Y a veces detrás de esta angustia hay dificultades no solo de carácter emocional, sino también trastornos que afectan los aprendizajes. Cuando detrás de la ansiedad hay trastornos del aprendizaje como problemas de lateralidad o dislexia, las cosas se complican.

Algunos síntomas de estos trastornos son:

  • Se pierde fluidez lectora y la comprensión de aquello que leemos.
  • Dificulta el seguir bien las conversaciones y no perder el hilo.
  • La desorganización del espacio o del tiempo, la lentitud, cosa que incrementa la inestabilidad emocional.
  • Lentitud en el tiempo de aprender algo o resolver algún trabajo, falta de reflejos a la hora de decidir.
  • Puede haber inversiones o saltarnos palabras: estos es lo que relaciona a veces la lateralidad con la dislexia.
  • A veces hemos encontrado que puede afectar en las matemáticas, sobre el cálculo o sobre el orden matemático. Aunque no siempre.
  • Perdidas de atención, por el exceso de fatiga que dan los signos.
  • Desmotivación o apatía.
  • Inhibición, inseguridad…

Lo mejor y más efectivo cuando nos encontramos así de mal, es pedir visita con un psicólogo, realizar pruebas si se sospecha de trastorno de aprendizaje o iniciar un tratamiento cognitivo-conductual, que es más eficiente hoy en día para resolver los problemas de ansiedad.

 

Emma P. Psicóloga general y logopeda.

La ansiedad: el miedo a tener miedo. La lateralidad y la dislexia.

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Son muchas las personas que en la actualidad están acudiendo a consulta por problemas de ansiedad.

Personas en plena etapa de la adolescencia, o pasando por la madurez e incluso abrazando la vejez. La ansiedad afecta a todas las edades y tanto a mujeres como hombres, la ansiedad no discrimina. Tenemos que ser conscientes de cómo son de presentes los trastornos de ansiedad en nuestra sociedad y como están haciendo que cambie nuestra vida, afectando a nuestra salud mental y física.

No hace muchos días algunos famosos, como Selena Gómez o J Balvin, han decidido hablar de este trastorno y de cómo luchan para superarla y no caer en depresión, que es uno de los graves trastornos que muchas veces acompaña a la ansiedad. Pero no afecta solo a los famosos, también afecta a mucha gente anónima.

El estilo de vida muy cambiante y la exigencia hacen que cada vez aparezcan más síntomas que restan calidad en el día a día de la persona.

Los síntomas de ansiedad son muy típicos en las personas que las padecen, y pueden ir desde los psicológicos a los físicos y son muy molestos.

Lo más importante: el miedo.

A veces miedo al propio miedo. Muchas veces la persona se ve superada por su realidad, personas bloqueadas que piensan que no podrán hacer aquello que tienen que hacer. Por ejemplo, el bloqueo del estudiante que piensa que no lo conseguirá, que no podrá con todo. O aquella persona que está en un lugar de trabajo donde nota que el trabajo que se le exige es superior a su capacidad para resolverlo.

La ansiedad se desarrolla y provoca síntomas como mucha preocupación, angustia, falta de concentración, olvidos… insomnio…

La ansiedad desarrolla unos síntomas físicos: dolores de cabeza, sensación de ahogo, dolor en el pecho… El enfermo de ansiedad lo pasa muy mal porque cree que se está muriendo, es una sensación descrita como horrible.

Solo 1 de cada 10 pacientes con ansiedad recibe un tratamiento adecuado.

Lateralidad, dislexia, ansiedad…

A veces detrás de la ansiedad está la manera en que estamos interpretando la realidad, nos pasan tantas cosas y a veces de tan difícil solución, que nos quedamos pegando vueltas irremediablemente en un bucle que no sirve para nada. Solo genera más ansiedad.

Y a veces detrás de esta angustia hay dificultades no solo de carácter emocional, sino también trastornos que afectan los aprendizajes. Cuando detrás de la ansiedad hay trastornos del aprendizaje como problemas de lateralidad o dislexia, las cosas se complican.

Algunos síntomas de estos trastornos son:

  • Se pierde fluidez lectora y la comprensión de aquello que leemos.
  • Dificulta el seguir bien las conversaciones y no perder el hilo.
  • La desorganización del espacio o del tiempo, la lentitud, cosa que incrementa la inestabilidad emocional.
  • Lentitud en el tiempo de aprender algo o resolver algún trabajo, falta de reflejos a la hora de decidir.
  • Puede haber inversiones o saltarnos palabras: estos es lo que relaciona a veces la lateralidad con la dislexia.
  • A veces hemos encontrado que puede afectar en las matemáticas, sobre el cálculo o sobre el orden matemático. Aunque no siempre.
  • Perdidas de atención, por el exceso de fatiga que dan los signos.
  • Desmotivación o apatía.
  • Inhibición, inseguridad…

Lo mejor y más efectivo cuando nos encontramos así de mal, es pedir visita con un psicólogo, realizar pruebas si se sospecha de trastorno de aprendizaje o iniciar un tratamiento cognitivo-conductual, que es más eficiente hoy en día para resolver los problemas de ansiedad.

 

Emma P. Psicóloga general y logopeda.

La Vuelta al Cole

CTR-Vuelta al coleSe acerca el inicio de curso y para muchos niños resulta estresante volver al colegio. Es una adaptación progresiva que supone un gran esfuerzo físico y psíquico.

 

El periodo inmediatamente anterior a la incorporación a la rutina escolar puede provocar hastío, cansancio y ansiedad, a veces acompañados de conductas inestables y agresivas.

 

Es importante observar a nuestro hijo en este inicio para de esta manera poder prevenir posibles complicaciones. Algunos niños sufren el denominado síndrome de la normalidad (equivalente infantil del síndrome postvacacional adulto), que provoca hastío, cansancio y ansiedad en ellos, llegando en algunos extremos a casos depresivos.

 

A este respecto, el niño está intrigado por una serie de preguntas como “¿quién será mi próximo profesor?” “¿podré sentarme con mis amigos?” Este tipo de planteamientos provoca en el escolar un estado de ansiedad, sobre todo, si corresponde a su primera incorporación en educación primaria, o bien, si es su primer curso en un nuevo centro.

 

Algunos consejos que ayudaran a nuestros niños a incorporarse de una manera más tranquila a los nuevos retos a los que se enfrentan:

 

  • Comenzar el ritmo unos días antes (hora de cenar, acostarse,…). Establecer las rutinas con antelación al inicio de curso para que su adaptación sea progresiva.
  • Dedicar algún tiempo a escuchar al niño sin insistir con preguntas. Estar receptivos cuando el niño exteriorice sus emociones y si le cuesta exteriorizarlas observar si hay cambios de humor brusco o manifiesta síntomas de tristeza o frustración.
  • Elogia a tus hijos con frecuencia, incluso por los logros más pequeños. Comunicarnos con mensajes positivos. Decirles frases como “te va a ir bien”, quizá algunas cosas no te gusten o te cuesten, pero sé que lo vas a superar” o “mamá y papá también fueron al colegio y aquí estamos”, son frases que descomprimen de las tensiones a nuestros hijos. Por otro lado, sienten el respaldo de sus adultos de referencia a la hora de entrar a un mundo nuevo y desconocido.
  • Intenta trabajar la autonomía escolar del niño. Observa si es capaz de realizar las tareas escolares solo. No te sientes a su lado de inicio porque puedes generar un niño dependiente e inseguro. Es importante observar en la distancia las posibles dificultades que pueda manifestar el niño y si se observa algún síntoma que nos pueda poner en alerta en este caso es importante consultar con un especialista que pueda valorar al niño lo antes posible ya que en ocasiones reaccionamos tarde pensando que es un proceso madurativo y que ya se solucionará, Pero si conseguimos detectarlo a tiempo evitaremos la frustración y desmotivación del niño y que lo que puede ser un pequeño problema se convierta en una dificultad mayor.
  • Es importante escoger bien que extraescolar hará el niño. Un exceso de actividades extraescolares no garantiza una mejor evolución. Los niños necesitan tiempo para jugar.
  • Una actividad física ayuda al niño a mantener los niveles de energía y a reducir el estrés.
  • Ayúdales a estructurar la semana, de forma que existan claramente períodos de trabajo y de tiempo libre. Intenta que aprovechen al máximo el fin de semana, pero has de ser flexible, ya que inevitablemente las circunstancias y necesidades cambiarán sobre la marcha a lo largo de los días.
  • Vigila la dieta del niño. Muchas veces la ansiedad por los cambios o por lo desconocido genera necesidad de comer de manera continua.

 

Y en todo este proceso no nos olvidemos de que una actitud tranquila y positiva de los padres ayudara a los niños en que su incorporación al nuevo curso sea feliz.